Ipone

IPONE Harley 20\50: entrevista con sus creadores

Lo has descubierto en nuestras redes sociales: ¡la IPONE 20\50 va a despertar tu lado punk! La ha preparado EMD Workers, un taller de referencia en el tuneado de Chopper en Francia. Descubre el proceso seguido por Edouard y Baptiste, dos entusiastas que fabrican motos con alma propia.

«Una moto como ésta tiene alma.»

Al principio de este proyecto, IPONE deseaba crear una chopper moderna, con un aspecto contundente, un juguete que destilara libertad. La idea era romper los códigos y poder conducir una Harley de forma diferente.

Para ello, IPONE se puso en contacto con EMD Workers, un taller de jóvenes tuneadores, ubicado en el suroeste de Francia, que trabajan a la antigua usanza. Ellos mismos se describen como artesanos.

La moto es una creación única y a medida con un motor musculoso. Partieron de un cuadro Paughco que modificaron y en el que instalaron una horquilla Narrow Springer. El faro, el manillar, la línea y el cárter de aceite se modificaron. En cuanto a la decoración, la marca se inspiró en los años 70 para crear un asiento tipo leopardo y un depósito decorado con llamas, muy representativo de las motos custom.

El proyecto mantuvo entusiasmados a nuestros 2 tuneadores durante varios meses. Descubramos ahora su apasionante historia.

LA HISTORIA ÚNICA DE LOS TUNEADORES EDOUARD Y BAPTISTE

EMD se creó en 2016. Edouard se encarga de todo lo que es soldadura, chapa y fabricación, en realidad de todo lo que es calderería. Baptiste se ocupa de la parte mecánica y eléctrica. Así pues, sus trayectorias vitales se complementan. Nos reunimos con ellos en sus instalaciones de Hossegor.

¿A qué os dedicáis en EMD?

Construimos motos. (risas)

Hacemos muchas Harley, Triumph, todas las piezas a medida que ya no se fabrican. Intentamos sacar el lado más «old school» de las motos. Trabajamos sobre todo con vehículos que las grandes empresas clásicas ya no quieren porque ya están obsoletas; ¡nosotros las remodelamos!

¿Quiénes son vuestros clientes?

Nuestros clientes son unos entusiastas. La mayoría de las veces son tipos que tienen un poco de pasta, hay que reconocerlo, que quieren dar una nueva vida a su moto. O si no, son tipos que quieren personalizar un poco su moto y no tener la misma moto que todo el mundo. De hecho, la primera oleada que tuvo Harley después de la guerra eran jóvenes que modificaban las motos, que las transformaban. Así surgieron las motos custom.

Cada vez son más los jóvenes que vienen a vernos. Ya no se tiene la imagen polvorienta del abuelito en su Harley con los flecos colgando. Hoy en día, ¡tenemos jóvenes con estilo que montan en pedazos de motos!

«Estamos en una profesión que no da mucho dinero, pero hemos elegido la libertad.»

¿Cómo llegasteis a Hossegor? ¿Cuál ha sido vuestra trayectoria?

Edouard: La historia es muy bonita. Baptiste y yo éramos vecinos de jóvenes en el 95 en París. Ya teníamos un pequeño taller en el garaje de mi padre, donde construíamos motos. Llegó un momento en que dijimos: «Más adelante, ¡montaremos una tienda de motos!».

A partir de ahí, hicimos todo lo posible para dominar todo el proceso de arriba abajo: Baptiste fue a una escuela de ingeniería (se le daba mejor que a mí) y luego trabajó en Renault en desarrollo de motores. En cuanto a mí, pasé un año aprendiendo con oficiales de calderería. Después me fui 3 años a Estados Unidos. Cuando volví, me fui a currar otros 3 años con un gran tuneador francés.

Luego, después de haber hecho cambios, de haberme movido por ahí y tal, llamé a Baptiste que acababa de terminar su ingeniería. Creía que ya no querría volver a trabajar en las motos, a ensuciarse las manos. Acabamos reuniéndonos en París para tomar una cerveza y elaboramos un plan de negocio para instalarnos en Burdeos. Empezamos montando la tienda donde vivía su madre, que nos prestó un pequeño local en Gards. Yo estaba en Nancy, él en Biarritz, así que nos reunimos allí. Creamos la empresa. Con motivo de un evento en Hossegor, el Mot&art, al que nos invitaron, pasamos delante de un local que se alquilaba y dijimos adelante, nos instalamos aquí. Fue la mejor decisión de nuestras vidas.

Estamos en una profesión que no da mucho dinero. Pero cada mañana abres las 2 puertas y ves a tu socio. Hemos elegido la libertad.

«Si tengo las manos desgastadas, no es porque esté montando piezas, sino porque estoy golpeando el metal y hay que dar con fuerza.»

¿De dónde sacáis la inspiración a diario?

Del skate, el bmx, el grafiti, de toda la cultura callejera. Es lo que nos hacía vibrar en París. Queríamos tener un curro que nos permitiera seguir con ese estilo de vida.

Los dos sois también moteros. ¿Lleváis mucho tiempo montando en moto?

Baptiste: Mi padre es escritor y filósofo, trabaja en la prensa, y mi madre es paisajista viverista, nada que ver con el mundo de las motos. Cuando tenía 11 años, mis padres me trajeron de un mercadillo una Solex que no funcionaba y yo quería que aquello funcionara de golpe, así que me puse a desmontarla para entenderla.

Edouard: Me gustaban mucho las motos, pero no sabía cómo empezar, nadie de mi entorno estaba metido en eso. Luego conocí a Baptiste, que tenía entonces 14 años. Había cortado un motor de Solex con una radial para entender cómo funcionaba. Nos hicimos amigos en aquel momento y empezamos con esto las 24 horas del día. Tuvimos motos de cross. El vínculo con IPONE viene de ahí. Les echábamos IPONE Samouraï.

Años más tarde, IPONE vino a vernos para este proyecto, la creación de una chopper de los 70. Nos encantó el proceso creativo. Cuando la hicimos, la hicimos poniendo en ella toda nuestra alma. Estas motos puedes hacerlas abriendo una revista y encargando piezas aftermarket. Pero si tengo las manos desgastadas, no es porque esté montando piezas, sino porque estoy golpeando el metal y hay que dar con fuerza. Es artesanía. Hay un proceso, hay una historia.

¿Por qué trabajáis sobre todo las Harley?

No tenemos una relación más especial con las Harley que con las demás motos, pero sí que nos dan más libertad. Las Triumph también. Va más en relación con nuestro estado de ánimo. Nos gusta el lado libre, el lado punk. Con una Kawasaki, es raro que alguien venga a verte y a pedirte piezas personalizadas.

LA ROAD MOVIE

Para hacer que destaque esta chopper única y punk, nada mejor que una road movie en el desierto español.

¿La sinopsis? Un grupo de 3 hombres van en moto cuando al lado de la carretera ven a 2 mujeres paradas junto a sus motos. El viaje de los 3 amigos se va a ver transformado por su llegada. Ellas los atraen hacia un bar aislado, lleno de personajes extraños y misteriosos. Las 2 mujeres tienen una idea en mente: robar la moto custom del líder del grupo. Para ello, van a animarlos a beber y a disfrutar de la noche antes de escaparse con la moto a través de la oscuridad nocturna.​

A continuación, te dejamos formar parte de este viaje.

Gracias a Edouard y Baptiste de EMD workers, Stephane Bucheton, Jean-François Muguet, Sebas Romero, Genepi Film, Vladimir Cauchemar, Dodi, Lea, Shoei, por su participación en el proyecto.

-10% DE DESCUENTO

SI TE SUSCRIBES AL NEWSLETTER